Un paseo por la Albufera, Valencia, el 31 de octubre.
Los días de calor ya no son nada más que fugaces recuerdos, llamas perdidas en algún rincón de nuestra memoria. El verano se ha ido, dejando su legado de color en nuestros ojos enamorados de naturaleza. Había que darle un último adiós, desde lo más alto de las dunas, desde lo más profundo de nuestro corazón.
Los días de calor ya no son nada más que fugaces recuerdos, llamas perdidas en algún rincón de nuestra memoria. El verano se ha ido, dejando su legado de color en nuestros ojos enamorados de naturaleza. Había que darle un último adiós, desde lo más alto de las dunas, desde lo más profundo de nuestro corazón.
Evidente, no tarda en volverse muy mordedora, meneando meneando sin parar, escondida y preparada para atacar.
Nos decidimos por un coche rojo y bonito. Desde entonces, dicha tigresa da vueltas y vueltas sin parar. Se la ve por allí... y a veces por allá.





























































































































































