martes 3 de noviembre de 2009

Octubre 2009

Un paseo por la Albufera, Valencia, el 31 de octubre.

Los días de calor ya no son nada más que fugaces recuerdos, llamas perdidas en algún rincón de nuestra memoria. El verano se ha ido, dejando su legado de color en nuestros ojos enamorados de naturaleza. Había que darle un último adiós, desde lo más alto de las dunas, desde lo más profundo de nuestro corazón.


Entre las lagunas yacen pedazos de un paraíso perdido.

Sobre la arena solitaria, huellas que no llegan a ninguna parte se terminan en el cielo.

Cascarás vacías de recuerdos no consiguen hacernos olvidar la belleza de los parajes.

Delante, nuestro guía abre camino hacia la aventura.

Detrás, la tigresa trenza su látigo de ataque, el que silba música y le da animo al culito.

Entre los dos, tanta caña para darle caña.

Por aquí, los reflejos son de fuego y el silencio de oro.

Ilusos se atreven a cruzar el camino de nuestra felina hambrienta. Se quedan verde aunque ilesos...

La tigresa está de dieta y sólo se nutre de frutas y follaje.

Evidente, no tarda en volverse muy mordedora, meneando meneando sin parar, escondida y preparada para atacar.

¡Vaya animalako! Hasta consigue romper ramas y asustar ranas.

¡No, no hace falta insistir! Ya lo he dicho, no quedan ranas ninguna.

Para apaciguar la bella, buscamos algún regalito para que se vuelva contenta.

Nos decidimos por un coche rojo y bonito. Desde entonces, dicha tigresa da vueltas y vueltas sin parar. Se la ve por allí... y a veces por allá.

Mientras tanto, el silencio, como es debido, ha vuelto a acapararse del recuerdo de nuestra fugaz presencia.

martes 15 de septiembre de 2009

Agosto 2009

Maestro paellero, Lahonce, del 11 hasta el 15 de agosto.

Para hacer una buena paella, hace falta sin falta: un maestro sin peludar; una pizca de buena compañía; algo de buen rollo; un pelín de caniche bailarín… sin olvidar un comino de Tufu Kalafu para recrear acto seguido magia y encanto.


Primero hay que darle caña al pollo sin olvidar cortarle el cuello.

Animar al volátil antes de que se quede como un fósil.

No olvidar poner algo de color al asunto.

No hacer caso a los ilusos.

Seguir a tope sin extraviarse.

Centrarse en los detalles.

No hacer caso a los ilusos…

…Incluso si la tienen bien gorda y amarilla.

Porque lo nuestro es puro amarillo de alegría.

Y que a la hora de la comida, el disfrute es ley de vida.

PD: No olvidarse del regalín para el bailarín.

jueves 3 de septiembre de 2009

Agosto 2009

Dulce vuelta a Dardenac, el pueblo de mi infancia, del 15 hasta el 31 de agosto.

Senderos de silencio, madre tierra y cielo protector como compañeros de viaje, he vuelto hacia antiguas huellas… las mismas de siempre, más bellas que nunca. Amo profundamente esta sutil tranquilidad, estos cuchicheos mudos que acompañan el periplo del tiempo.


Veo flores de colores, bellas y sencillas, tesoros de la naturaleza.

Verde, verde es el infinito horizonte.

Verde me vuelven a decir los árboles.

Abro los ojos y el tiempo se detiene, quizás para siempre.

La luz se desliza en sutiles pinceladas.

Lentamente, sigo el camino que me dicta el silencio.

Nada se mueve bajo los reflejos.

Brilla el espejo.

Se iluminan estrellas.

Se esparcen nubes.

Y mi memoria tiza cuentos…

Largos son los caminos de los recuerdos. Debe haber puentes que cruzan mis historias.

Me aplico en el amor, trazando bellas líneas que inmortalizan los momentos.

Me pierdo entre sabias ramas.

Busco puertas y se abren ventanas.

¿No hay nadie en el umbral de las cavernas?

A no ser que estas sirenas sean los únicos seres en poblar las entradas de los templos en los que suelo derivar cuando duermo despierto.

Detrás de las sombras… un pasaje.

Nuevas paredes me obligan a retroceder.

Otras ventanas, las de los mundos de paredes grises.

Decido subir hacia el cielo.

Me pierdo de nuevo entre secretos de alcoba. ¡Qué bellas son estas desilusiones!

La luz me atrae como una mariposa invisible.

Escalones tras escalones, bajo hacia otros suelos, otros misterios.

Rejas simétricas estructuran el paisaje.

Las alturas me dan nuevas perspectivas.

Guiño un ojo…

Suelo.

Cielo.

Y tierra.

Veo de nuevo flores de colores, bellas y sencillas, tesoros de mi naturaleza.

miércoles 29 de julio de 2009

Junio 2009

Talleres infantil, trobadas en los pueblos de Castellón, Alcàsser, Benimamet y Moraira.

Primavera artística, donde pequeños, y muy pequeños, emprendieron un bello camino repleto de cariño y de colores. Sabes, es muy fácil dibujar un corazón, sólo hace falta buenos lápices… y un poco de amor, nada más.


La princesa de la fiesta, la más bella de todas las reinas.

Todo es cuestión de tirarse de cabeza y darle caña al asunto sin miedo.

¡Mira, el mío es mordedor muy mordedor!

Y el mío marineroooooo.

¡Uf! ¡Qué rollo!

Unos trabajan en grupo, unidos como mosqueteros.

Otros prefieren llevar el asunto en solitario.

Lo importante es participar y pasárselo bomba…

Volar libre entre las páginas.

Sin tregua darle animo al vecino.

¡Ya casi he acabado!

¡Eh tú! ¡No hagas lo mismo que yo, vale!

¡Vaya! Cuantos mágicos corazones …

¡Mira que bonito ha quedado el mío!

Los ponemos todos colgados en el hilo de la suerte. Seguro que el viento nos los devuelven con cariño.

¡Cómo mola!

El mío va a quedar fenomenal, ¡ya verás!

¡Es que yo tengo una mejor amiga! Somos inseparables.

Ten, ya he acabado el mío.

¡Yo también!

¡A mi me quedan unos retoques!

El profe también se lo pasa de maravilla.

¡Jolines! ¡Qué difícil!

¡Al ataque!

Nosotras vamos a decorar nuestras casas.

¿Ya se ha acabado? ¿Podemos repetir?

lunes 22 de junio de 2009

Mayo 2009

Dulce primavera en Valencia, un paseo en la ciudad en mayo.

Los días pasaban solitarios, el sol tocaba a la puerta invitándome a salir, así que cogí la bici y me fui al azar de las calles, buscando un rincón de frescor para escapar de estas primeras olas de calor.


Fiel guardián de la ciudad, el Miguelete se alza hacia un cielo inmaculado.

Buscando refugio en los callejones, hay que escoger la buena puerta, la que da hacia el Edén prohibido.

Solitarias torres se ríen de mi infructuosa búsqueda…

Paredes de recuerdos me cuentan su historia.

Inmóviles, bellas fachadas me ven perderme en el corazón de la urbe.

Calles cortadas dan hacia otros lugares que aún me están prohibidos.

Y siempre estos extraños jeroglíficos diseminados en cada rincón oscuro.

Paredes y torres…

Inmuebles vacíos de silencios…

Techos sin tejados…

Y por fin la puerta de mis deseos.

Un lugar para descansar lejos de la fiebre de las calles.

Casi solo, acompañado por un bello amigo que ni me hace caso…

¿La culpa la tendrá este endeble volátil?

martes 26 de mayo de 2009

Mayo 2009

Tavernes y las tres cruces, el sábado 2 de mayo.

Hacía tiempo que esperábamos un fin de semana de sol para escarparnos hacía unas llanuras de soledades, en búsqueda de unos secretos que quizás… quizás, nos harían ricos.

Escondidos muy por encima de la bóveda celeste, los astros nos fueron más que favorable, llevándonos hacía un cruce de caminos que se llamaba Amistad. A falta de beber directamente del cornucopia, una fuente silvestre nos ofreció su divina clarividencia.




La subida parece ardua, pero nuestros ánimos andan en lo alto.

Hace falta mucho más para asustar a la bella tigresa, animal mordedor muy mordedor.

Desnudas y dulces son las flores, cuyo el canto puede llegar a ser ensordecedor si uno anda sin cuidado.

Imperturbable hay que serlo para no sucumbir a los encantos que derrotan a los caminantes.

Al rededor… el silencio.

En las cimas, el maestro de las nubes a la espera de algún despertar.

Abajo… la ruta que da sentido al camino.

Fragmentos de suelo ofrecen islotes a nuestros pasos.

La felicidad de la meta conseguida se comparte entre sonrisas.

Lejos se quedan las urbes de la vida diaria.

Respirar la tranquilidad procura fuerza y ubicuidad.

Pero no todo tiene que ser contemplación…

Por lo menos, cuando duerme… no muerde.

En cuanto a los animales meneadores, ni decir que su siesta queda sagrada.

Zzzzz

Bien, todos listos para bajar… La próxima vez cazaremos hormigas salvajes, nos promete nuestro ilustre guía.

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Una vez en las llanuras, el tiempo su muta distinto...

Pero nada nos impide compartir verdadera alegría.

Si, no hay duda ninguna. En algún momento tendrá que llegar el tren del viaje de vuelta.

Mientras tanto, mis sueños me acompañan, iluminados.

martes 14 de abril de 2009

Marzo 2009

Bugarra, del 17 hasta el 22 de marzo.

Una antigua promesa hecha hacía tiempo me dio la oportunidad de quedarme media semana en el pequeño pueblo ya bien conocido por todos los que suelen perderse entre estas páginas. Recién nombrado fiel guardián del perro Malako, animal de pelaje hirsuto y mirada maliciosa, hicimos buenas migas y caminamos juntos por senderos a veces totalmente olvidados de los hombres… acompañados por un silencioso sol abrasador que nos hizo disfrutar de largos descansos más que merecidos.

Muchas veces nos perdimos, muchas otras veces volvimos sobre nuestros pasos, pero siempre se disfrutó de la belleza de las soledades de la Serranía Baja .


Bajo el sol, el tiempo pasa lentamente cuando andas perdido. ¡Por fin un camino que parece llevar hacia alguna parte!

El paisaje es magnífico… el silencio también.

Es agradable caminar entre las sombras de un sendero olvidado. El olor de los pinos aflora el olfato de mi alma sensible y por poco este aroma me deja totalmente desorientado.

Ruinas siembran nuestro peregrinaje de vestigios antiguos, verdaderos palacios para los lagartos.

Hay que descansar un rato, me dice Malako. El animal es muy perro y no hay quien consiga llevarle la contraria.

A veces, bellos guardianes nos ofrecen su sombría amistad.

Más abajo, el silencio es absoluto.

Entre sol y sombras, descubrimos que las flores también tienen un corazón.

Unos esqueletos de antiguos náufragos descansan al borde del camino, recordándonos que también las aventuras llevan hacia un final…

Seguimos más perdidos que nunca, pero Malako parece contento.

Huellas en el barro delatan visitantes de la oscuridad.

Hubo un tiempo en el que los hombres se reían entre estos recuerdos de paredes.

De nuevo un camino que no lleva a ninguna parte…

Más abajo, un pequeño riachuelo nos ofrece hospitalidad, frescura y sombras para descansar.

Mmmm… Que dulce canta la brisa.

Por poco me quedaría embrujado.

Pero hay que seguir, el camino es largo y sinuoso.

Las horas pasan sin ruido ninguno.

Hace cada vez más calor pero seguimos subiendo. Sentado en el altar de las cimas, suelen olvidarse penas y dolores.

Entre matorrales, la belleza aguarda.

Desde las alturas, unas piedras milenarias nos observan en el más pulcro de los silencios.

Al Malako le importa un bledo. El muy animal tiene su ramita de pino y con ello está feliz y contento.

El camino se juega de nuevo de nuestros sentidos.

Poco a poco la luz se hace menos cegadora…

A la sombra de un monolito de granito, me siento al lado de un abuelo…

Juntos miramos la vida fluir como si se tratara de un riachuelo salvaje.

Las sombras se alargan, estaría bien encontrar un hogar para descansar.

El sol ya no calienta estos viejos vigilantes solitarios.

Hasta el calor parece desertar de las piedras.

Por aquí parece haber más corriente… ¿Será una buena señal?

El agua de transmuta en oro, pero no es hoy que me haré más rico…

…Aunque sé que los recuerdos de estos días son el verdadero tesoro.

Me doy la vuelta y veo todo el camino recorrido.

Por fin señales de civilización.

No leo los hieroglíficos, pero me imagino un mensaje de bienvenida.

No hay princesas en el balcón de la sabiduría…

Rejas… No hay duda, los hombres no andan lejos…

Hombres de buena fe, si es que exista alguna que realmente valga la pena.

Ya lo sé… las piedras no hablan.

¡Vaya! Una entrada digna de un rey…

El servicio deja un poco que desear. Los fantasmas del pasado han debido quedarse dormidos.

Busco una humilde silla para descansar…

Y es un altar lo que encuentro.

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video

In memoriam: “El canto de la bestia”